Runa Hatariy o la Tercera Guerra Mundial

Runa Hatariy o la Tercera Guerra Mundial

Arawi Ruiz

Historiador quechua (Ecuador)

A un siglo de la Primera Guerra que trastornó al mundo, el planeta vive ya la Tercera Guerra Mundial. Algunos pensábamos que ésta sería un conflicto por motivos geopolíticos entre las primeras potencias económicas mundiales: Estados Unidos y China. Una Guerra influenciada por las diferencias persistentes entre el modelo comunista y el modelo capitalista, pero además estimulada por disentimientos culturales, es decir, un antagonismo entre la cultura oriental y la cultura occidental. Asia versus Norteamérica y Europa. Pero no, fue ingenuo pensar que la Guerra Fría no terminó con la Caída del Muro de Berlín, pues los ataques simbólicos son mucho más efectivos que los ataques bélicos. 

Después de la Guerra Fría vendría una crisis mucho más catastrófica, y obviamente no sería económica o política como lo fueron las primeras Guerras Mundiales. Esta debía tener una lógica diferente; una lógica que las naciones indígenas de Apyayala (América) ya preveíamos desde la Caída del Muro. Sería una Guerra filosófica, una lucha por la vida. Una batalla ya augurada en el Séptimo Arte: el cine avizoraba un enfrentamiento entre “humanos” y “zombis”. Pero Hollywood exhibió a estos entes sobrenaturales, ahora llamados “contagiados”, como los monstruos a exterminar. En esta Tercera Guerra Mundial debemos tomar una postura: los infectados no son nuestros enemigos. No, aunque los gobiernos intenten estigmatizarlos. El gran culpable de la pandemia por COVID-19, es uno sólo: el Estado Moderno, organizado en torno a las industrias extractiva y financiera, dejando en la periferia a la salud, a la ciencia, a la educación: a la vida. Esos mismos Estados que monopolizan la violencia, dirigidos por gobiernos cuya concepción del mundo se basa en la dicotomía hombre/naturaleza. Y es la humanidad entera la que ahora, frente a una pandemia global, debe unirse y volver a reconocerse como runa: humano-colectivo. Es hora de decidir entre la barbarie que hemos vivido, o un nuevo modelo de civilización.

Hace 500 años fallecieron los máximos gobernantes de Apyayala: Wayna Kapak, inka del Tawantisuyu, y Cuitlahuac, tlahtoani de Mexihco, precisamente a causa de la primera pandemia global, exportada desde Europa hacia América: la viruela. Enfermedad que aniquiló a la mayor parte de la población americana. Así mismo, sus sucesores: Atawallpa y Cuauhtemoc, respectivamente, fueron asesinados por los invasores europeos. Pero sus pueblos, desahuciados por la enfermedad, la traición, la expropiación, la corrupción y otros males, lograron re existir durante 5 siglos de violencia a través del más antiguo dispositivo civilizatorio: la comunidad. Comunidad con sus semejantes y no-semejantes. En América, y en el mundo, la pandemia empezó hace 500 años y se llama Estado: una reunión de hispanos para blindar legal y militarmente al monopolio de la riqueza. Un status quo posteriormente reformado a través de las ya bicentenarias revoluciones burguesas. Esa es la verdadera pandemia y el verdadero «virus» en la llamada «América Latina». 

El antivirus: un nuevo sistema de gobierno. Gobiernos basados en lenguajes diferentes: epistemes alternativas que retornen a la comunidad, a la complementariedad, a la solidaridad, a la naturaleza: en suma, al amor. Un sistema de gobierno indígena. En los Andes, por ejemplo, gobiernos quechuas o aymaras, entre otros. Así como a fines del siglo XVIII, época de Tupak Amaru, de las rebeliones indígenas, la esperanza de un gobierno inca renace. El pachakuti o «transformación del tiempo-espacio», iniciado en las movilizaciones indígenas de los años 90’s, llega a su final a través de una Tercera Guerra Mundial o Runa Hatariy: la “Revolución Runa”, y como una estrella en el cielo vemos que el Inka regresa, vemos al Inkarri.